ENFOQUE ESTRATÉGICO EN LOS NIVELES DE CONCRECIÓN
Para Ortiz (2006), las instituciones además de ser eficiente debe ser eficaz, cualidades indispensables y complementarias en el mejoramiento de los criterios de calidad, en donde se satisfaga las necesidades de la comunidad educativa, de acuerdo a los criterios de pertinencia. Transformando estilos y estrategias para los diferentes niveles, dando una orientación a las formas de operatividad a mediano, corto o largo plazo, todo con un enfoque estratégico.
El IIPE-UNESCO (ONU, 2000), destaca los nuevos roles del sistema educativo y establece que el enfoque estratégico comienza con la reflexión, la observación y el proceso a desarrollar, comprendiendo lo esencial y determinando las estrategias que aseguren el logro de los objetivos, lo que implica la pro actividad, participación y el compromiso social.
La planeación estratégica situacional es un proceso continuo y sistemático de análisis y de dialogo entre los miembros de una comunidad, que facilita la planificación dentro de la comunidad educativa, considerando como planeación el “ser” y la planificación “hacer”, es decir, se piensa en transformar y establecer la manera de concretar y documentar lo que se piensa transformar. Desarrollar la planeación estratégica contribuye a dar atención a los demandas de las instituciones educativas y a tomar decisiones oportunas por lo que se requiere:
Dar claridad en la misión y visión del futuro
Considerar los valores que comparte el personal de la institución
Contemplar la realización de un balance de los recursos físicos, humanos, académicos y económicos con los que cuenta para responder a las expectativas y satisfacer las necesidades de la sociedad
Proyectar las acciones y decisiones a realizarse en el corto, mediano y largo plazo.
Evaluar los procesos y los resultados en los diferentes plazos.
En el marco del Modelo de Gestión Educativa Estratégica considera la misión, la visión, los objetivos, las estrategias, las metas, las acciones e indicadores como elementos básicos en la institución para alcanzar los propósitos y delimitar el campo de acción que permita a los actores educativos contar con un panorama general de las líneas de trabajo y de los resultados por alcanzar, de acuerdo con Loera (2003), estos elementos sirven de base en el proceso de planeación, programación y presupuesto.
Para que una gestión educativa sea estratégica, se debe concretar a partir de ciclos de mejoramiento constante de procesos y de resultados que se desarrollan con la implantación de ejercicios de planeación y de evaluación en tres diferentes categorías que en conjunto forman parte del sistema educativo, siendo la institucional, escolar y pedagógica.
GESTIÓN EDUCATIVA – SISTEMA
El Modelo de Gestión Educativa Estratégico tiene su fundamento en los preceptos jurídicos, filosóficos y de interés social considerados en el Artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual señala que “la educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano, fomentará el amor a la patria y la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”. Del mismo modo, se basa en la Ley General de Educación (1993), que establece “el desarrollo de un proceso educativo basado en principios de libertad y responsabilidad que aseguren la armonía entre educandos y educadores, que promoverá el trabajo en grupo, la comunicación y el diálogo entre educandos, educadores, padres de familia e instituciones”.
En tanto los maestros empeñan sus esfuerzos, corresponde a los actores educativos que desempeñan funciones directivas, de asesoría, de acompañamiento, de supervisión y de coordinación de servicios, apoyar y favorecer, desde su ubicación en el sistema educativo, que la gestión pedagógica adopte un enfoque estratégico y se oriente a la búsqueda permanente por mejorar la calidad de la enseñanza, pues no deja de ser un propósito fundamental de la gestión escolar y la gestión institucional.
Para esta serie de compromisos, se requiere vislumbrar nuevos caminos para la construcción de una gestión educativa estratégica, capaz de abrir al sistema educativo y, en específico, a las escuelas al aprendizaje permanente que genere respuestas a los retos actuales. En este enfoque de transformación es necesario plantearse ¿cuáles son las oportunidades que se abren?, ¿cuáles son las limitaciones a superar?, ¿qué alternativas de acción han de diseñarse para superar viejos esquemas y concepciones anquilosadas? y ¿cómo han de implementarse?
GESTIÓN INSTITUCIONAL – ESTRUCTURA
Considerando a la planeación estratégica como el conjunto de procesos que ayuda a la buena conducción de proyectos y al conjunto de acciones relacionadas entre sí, que promueve la administración para promover y posibilitar la obtención intencionalidad pedagógica, esta es aplicada a la gestión educativa para intenta responder a preguntas como ¿qué propósitos institucionales fundamentales (misión) se intentan cumplir?, ¿qué cambios se deben realizar en las formas tradicionales de gestión para lograr tales propósitos? y ¿cómo se van a realizar esos cambios?
Aplicar las políticas y los programas institucionales para impulsar la calidad del sistema educativo requiere de la formulación de estrategias creativas y eficaces, que orienten los recursos hacia el logro de los resultados definidos en la política educativa actual. Por ello, esta visión favorece la planeación estratégica en las instancias educativas, al considerar lo siguiente:
Evitar la “parálisis por el análisis”, que ocurre cuando los resultados estratégicos son insuficientes para satisfacer las demandas de la sociedad.
Dar un tratamiento adecuado a las resistencias personales para adoptar la cultura de la planeación y evaluaciones institucionales como estrategias de mejoramiento continuo de la calidad educativa.
Para que contribuya a la mejora continua la planeación debe ser realista y objetiva; considerando datos, hipótesis o supuestos; apuntar hacia la construcción conjunta y basarse en un compromiso compartido por quienes intervienen en el proceso educativo. Ésta, se expresa en planes estratégicos y se concreta en programas anuales de trabajo, donde se organizan todas las acciones institucionales al pensar día con día obtener resultados en un mes o en un año, pero sin olvidar la visión estratégica, es decir, los resultados que se quieren lograr a mediano y largo plazos.
GESTIÓN ESCOLAR – COMUNIDAD EDUCATIVA
El enfoque estratégico de la gestión escolar consiste en las acciones que despliega la institución para direccionar y planificar el desarrollo escolar, de acuerdo con una visión y misión precisas, compartidas por todos los miembros de la comunidad escolar; considera la capacidad para definir la filosofía, los valores y los objetivos de la institución, para orientar las acciones de los distintos actores hacia el logro de los objetivos, tomando en cuenta la capacidad para proyectar la institución a largo plazo y para desplegar los mecanismos que permitan alinear a los actores escolares y los recursos para el logro de esa visión.
La planeación estratégica es el proceso sistémico y sistemático para mejorar la gestión y se deriva de la autoevaluación, emprendiendo acciones en colectivo dirigidos hacia áreas deseados a mediano plazo, apoyándose en consensos que permiten la participación de los alumnos, padres de familia, docentes, director, supervisor y demás interesados en el diseño, ejecución y seguimiento del plan escolar, por lo cual la planeación escolar es un conjunto de procesos de diseño, desarrollo y operación de proyectos donde intervienen metas y competencias institucionales y su relación con las demandas y oportunidades solicitadas, teniendo una visión clara y orientada hacia las metas y objetivos, considerando las situaciones presentadas y la implementación y su evaluación.
GESTIÓN PEDAGÓGICA – AULA
Es en este nivel donde se concreta la gestión educativa en su conjunto está relacionado con las formas en que el docente realiza los procesos de enseñanza, cómo asume el currículo y lo traduce en una planeación didáctica, y cómo lo evalúa y, además, la manera de relacionarse con sus alumnos y los padres de familia para garantizar el aprendizaje de los primeros.
Para Batista (2001) la gestión pedagógica es el quehacer coordinado de acciones y recursos para potenciar el proceso pedagógico y didáctico que realizan los profesores en colectivo, para direccionar su práctica al cumplimiento de los propósitos educativos. Entonces la práctica docente se convierte en una gestión para el aprendizaje.
La gestión pedagógica busca aplicar los principios generales de la misión educativa en un campo específico, como es el aula y otros espacios de la educación formal debidamente intencionada. Está determinada por el desarrollo de teorías de la educación y de la gestión; no se trata sólo de una disciplina teórica, su contenido está influido además por la cotidianeidad de su práctica. De este modo, es una disciplina aplicada a un campo de acción en la cual interactúan los planos de la teoría, la praxis educativa y la política.
La gestión pedagógica está ligada a la calidad de la enseñanza y la responsabilidad reside principalmente en los docentes frente a grupo, para Zubiría (2006), el concepto que cada maestro tiene sobre la enseñanza es el que determina sus formas o estilos para enseñar, así como las alternativas que ofrece al alumno para aprender. Para Harris (2002) y Hopkins (2000) el éxito escolar reside en lo que sucede en el aula, siendo el factor más importante en cuanto a resultados de aprendizaje, de ahí que la forma en que se organizan las experiencias de aprendizaje pueden marcar la diferencia en los resultados de los alumnos con relación a su desarrollo cognitivo y socio afectivo. Rodríguez (2009) coincide en que, independientemente de las variables contextuales, las formas y estilos de enseñanza del profesor y su gestión en el aula son aspectos decisivos a considerarse en el logro de los resultados, y que se hacen evidentes en la planeación didáctica, en la calidad de las producciones de los estudiantes y en la calidad de la autoevaluación de la práctica docente, entre muchas otras.
El clima de aula determina en gran medida el impacto del desempeño docente y está directamente ligado a las relaciones interpersonales, las normas de convivencia, el trato entre compañeros de grupo y la actitud colectiva frente a los aprendizajes; por lo tanto, el clima de aula es un factor clave en el aseguramiento de resultados de la tarea pedagógica, sin detrimento de otros factores asociados como las tecnologías, los recursos didácticos y la optimización del tiempo dedicado a la enseñanza.